La mayoría de los quistes ováricos no requiere cirugía. Sin embargo, algunas situaciones justifican una conducta quirúrgica: dolor persistente, aumento de tamaño, persistencia en controles, riesgo de complicaciones o dudas diagnósticas que no pueden resolverse solo con seguimiento.
Cuando se analiza cirugía, también se considera la edad de la paciente, el aspecto ecográfico y la necesidad de preservar tejido ovárico siempre que sea posible y apropiado. El objetivo no es operar por el hallazgo en sí, sino intervenir cuando la cirugía aporta un beneficio claro.
La decisión debe ser prudente. En patología anexial, el criterio consiste justamente en diferenciar qué lesiones pueden observarse con seguridad y cuáles merecen un abordaje quirúrgico por sus características o evolución.